Neoliberalismo: deterioro ambiental y social
Publicado en: ColumnasLuis Gerardo Romo Fonseca
El Sol de Zacatecas, viernes 13 de enero de 2012
http://www.oem.com.mx/elsoldezacatecas/notas/n2383662.htm
Las catástrofes naturales que estamos presenciando ahora en el mundo, no tienen precedente en la historia de la humanidad. Desafortunadamente, en nuestro país y en Zacatecas se han manifestado con dureza en la prolongada sequía y en las heladas atípicas que, sumadas a un modelo agropecuario agotado, han dejado a nuestro campo al borde del colapso. Sin embargo, a nivel estructural, las contingencias climáticas son producto del deterioro ambiental asociado al modelo de desarrollo económico de los últimos años; caracterizado por la proliferación irracional de industrias y tecnologías contaminantes, que han generado grandes costos sociales y ambientales en el mundo.
Justamente, hace un par de días, el Premio Nobel de Química, Mario Molina, señaló que la mayor amenaza para la seguridad alimentaria es el cambio climático: “si cambia el clima hay más sequías o inundaciones, además de que el calentamiento global también incide en la pérdida de biodiversidad”. De seguir el ritmo actual de producción y consumo, se estima que para el año 2050 la economía mundial crecerá cuatro veces, pero implicaría que el uso de energía aumente en un 80% y las emisiones de gases de efecto invernadero se dupliquen.
Paralelamente al daño ambiental, a nivel económico y social, subyace la extraordinaria y desigual concentración de la riqueza mundial, donde el 50% de ésta, es detentada por el 2% de la población, mientras la mitad de los habitantes del planeta obtienen sólo el uno por ciento de lo que se genera. Esta característica de polarización, explica por qué la primera medida que tomaron las grandes empresas ante la crisis financiera global que estalló a finales del 2008, fue el despido de 50 millones de trabajadores: tan solo en febrero de 2009, Estados Unidos despidió al 8.1% de su fuerza laboral; China a 20 millones de trabajadores; en España existe un 14.8% de desempleo; y en Japón decenas de miles de trabajadores han quedado sin empleo, prestaciones sociales y despojados de autos y casas obtenidas mediante créditos (EIU, 2009c). Respecto a México, el nuestro fue el país de América latina que resintió el impacto más inmediato y notorio de la crisis en el mercado laboral (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL). El Banco de México anunció en su primer informe trimestral del 2009, la pérdida de entre 350 mil y 450 mil empleos del sector formal.
Actualmente, la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN), a través de su dirigente en Veracruz, José Manuel Urreta Ortega, sostuvo que en el 2011 se perdieron 250 mil empleos, siendo los jóvenes y las personas que realizan trabajos poco calificados, los más afectados por esta situación. Comparado con otros países, el balance del desempeño de México en este rubro es negativo: “la tasa de desempleo en jóvenes descendió en 2011 con respecto a 2010 en países como Brasil y Chile, pero no en México”. Sumado a ello, el escaso avance en los salarios en nuestro país apenas registra 0.8% de avance, contra 2% a 5% en países como Chile, Paraguay y Uruguay, así lo dio a conocer la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su más reciente informe denominado Panorama Laboral 2011 de América Latina y El Caribe.
Así mismo, a diferencia del resto de las naciones que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en nuestro país no existe un sistema de beneficios y prestaciones (seguro de desempleo) para quienes pierden su trabajo, tal como lo advirtió la OCDE en la edición 2011 de sus Perspectivas del empleo. Este informe también revela que el empleo formal ha tenido un “fuerte descenso”, al grado de que la informalidad cubre ya 63% del total de los empleos en el país.
Además de tener que lidiar con el desempleo, la juventud se enfrenta a que una cuarta parte de este sector no cuenta con los medios para alimentarse adecuadamente; de los más de 36 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años, 9 padecen pobreza alimentaria, según el informe Pobreza Multidimensional en los Jóvenes, publicado por el Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública de la Cámara de Diputados (CESOP): entre las carencias que los aquejan, destacan la falta de acceso a servicios de salud, seguridad social, vivienda, ingresos, así como un marcado rezago educativo. De los casi 15 millones de jóvenes en pobreza dimensional, 3.3 millones estaban en condiciones extremas y 2.7 padecen de todas las carencias sociales mencionadas. El panorama para el 2012 no es muy alentador, especialistas han advertido que durante el presente año, la generación de empleos será escasa, con mala paga y prestaciones precarias, debido a que la economía mexicana reducirá su ritmo de crecimiento y muy probablemente carecerá de incentivos para crear nuevas fuentes de trabajo.
Encima de ello, pese a la grave crisis económica y social que azota al país; a los altos niveles de desempleo, a la inseguridad y a los millones de mexicanas y mexicanos que han engrosado las filas de la pobreza; ahora, el gobierno de Felipe Calderón ha decidido aumentar en más de 145% las cuotas que México destina al Fondo Monetario Internacional (FMI), al enviarle 14 mil millones de dólares en este 2012. Lo que resulta incomprensible, por ejemplo, si tomamos en cuenta que hoy tenemos los presupuestos federales más pobres de la historia para la ciencia y la tecnología: por cada mil habitantes tenemos 0.75 investigadores, es decir, que ni siquiera hay uno por cada mil personas, mientras que en EUA cuentan con alrededor de 200 por cada mil habitantes. En cambio Brasil, impulsó la educación, la ciencia y la tecnología como una prioridad y palanca de desarrollo durante la última década; y ahora acaba de desplazar a la Gran Bretaña como la sexta economía del mundo.
Por último, bajo este contexto tan complejo, en Zacatecas estamos obligados a resolver nuestras problemáticas particulares que ya agobian a la mayoría de las y los ciudadanos. De entrada, requerimos de un apoyo decidido al campo para mitigar lo más posible su deterioro y atenuar los intolerables niveles de pobreza y marginación en que viven nuestros campesinos. A mediano y largo plazo, necesitamos construir de manera concertada un esquema de desarrollo integral, a partir de políticas públicas orientadas a la sustentabilidad, al fortalecimiento de la base productiva local para alcanzar una redistribución de la riqueza más equitativa. Es evidente que la aplicación de medidas que respondan a un análisis coyuntural, no basta, ni resuelve los problemas de raíz; la pobreza, la violencia, la sequía, la caída del turismo y de las remesas de los migrantes zacatecanos, representan una mezcla peligrosa que exige soluciones racionales por encima de la actual coyuntura política, y estén concebidas en función del bienestar de las generaciones presentes, pero también de las futuras.

